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jueves, 27 de febrero de 2014

Desde las antípodas: Conociendo Queenstown y sus alrededores

Durante las próximas semanas Biciorama se va a actualizar desde Queenstown, Nueva Zelanda, una pequeña ciudad paradisíaca a la orilla del enorme lago de origen glaciar Wakatipu.

Queenstown y una pequeña parte del lago Wakatipu.
Rodeada de montañas, en un ambiente alpino y con el gran lago; este lugar no deja indiferente a nadie, por algo es el sitio más turístico de las montañas de Nueva Zelanda.


Aquí hay todo tipo de turismo de montaña y es que esta ciudad es conocida como la capital de la adrenalina. Lógicamente en este entorno la bici no falta y cuenta con un bikepark para hacer descenso y con cientos de kilómetros de senderos señalizados en los alrededores para hacer rutas, no hay lugar para el aburrimiento aquí!

Un biker inglés al que estuve siguiendo rueda (de lejos ;) en el bikepark.
Tras el aclimatamiento inicial, el primer día de bici fui al bikepark para ver cómo es esto, sorprendido por haber encontrado Mondraker para alquilar, y como no podía ser de otra manera me cogí una zorrita para sentirme como en casa:


El bikepark es tremendamente adrenalítico: peraltes y saltos por doquier, pero carece del ambiente de montaña de verdad porque las sendas son muy artificiales. En todo caso para aprender y coger experiencia es perfecto y seguiré yendo habitualmente. Pero aquí hay mucho más que un bikepark, el segundo día de bici fue una ruta para ir a una playa de ambiente "caribeño" en una bahía del lago, aunque el agua no es "caribeña" precisamente ;)


Aunque el agua viene de montañas con nieves perpetuas está a una temperatura apta para un chapuzón rápido, y con el buen día que hacía y después de haber pedaleado hasta aquí había ganas...


En la playa estuve junto a muchos compañeros de la academia de inglés que fueron allí en coche, y juntos nos fuimos a subir al pico que se ve al fondo de la foto anterior:

Ciudadanos de un lugar llamado mundo.
Desde aquí arriba no me diréis que la playa no parece paradisíaca!


Tras volver a la playa, volver a bañarnos y pasar un rato jugando, llegó la hora de regresar. Yo volví a hacer el camino de subida al pico con la bici ya que esa senda venía marcada para bicis y continuaba durante varios kilómetros más de regreso.

Atardece desde el mirador.
El camino se interna en los bosques selváticos de la cara sur de las montañas, recordad que esto es el hemisferio sur y aquí la cara húmeda de la montaña es la sur!


En mitad de la senda me encontré con una caseta de piedra abandonada, no vi nada que dijese que hacía eso allí, pero así en medio de este bosque tan selvático resultaba muy curiosa:


En estos bosques hay muchas plantas curiosas, y es que aquí todo es distinto a europa, como los helechos gigantes:


Otras plantas resultan más familiares, aunque no son iguales, aquí crecen las llamadas "hayas del sur", muy parecidas a las que tanto nos gustan aquí:


En este entorno cruzo un barranco por un perfecto puente de madera que me deja ver el encañonamiento de este río muy cerca de desembocar en el lago.


La senda es bastante llevadera en este tramo y finalmente me saca a la carretera, por la que regreso disfrutando del atardecer que siempre deja bonitas imágenes de las montañas que rodean al lago:


Atardece sobre los montes de más de 2000 metros "The Remarkables".
Creo que empiezo a cogerle el gusto a este sitio ;)

sábado, 15 de febrero de 2014

Eligiendo el camino difícil: Ruta de las ermitas en ruinas de Soto

Cuando se trata de buscar rutas técnicas e intensas, Soto en Cameros es un lugar ideal por su combinación de fuertes desniveles y senderos pedregosos. Tan pedregosa es la zona como para dejar asomar grandes losas de roca que nos pedían a gritos hincarles el taco.

Diego en la losa de Soto.
Pero antes de bajar había que subir, y hoy lo haremos por una de esas sendas antiguas que también tiene su encanto en subida: la senda de Serrías. Tras el tramo inicial hasta la ermita de San Babiles por la pista asfalta, nos acercamos hasta unos corrales derruidos desde dónde comienza la senda propiamente dicha.


Y en este tramo es inevitable empujar la bici unas decenas de metros en los que se sube por la cresta hasta alcanzar la zona en que la senda comienza a ladear ya de forma más ciclable, aunque echándole ganas!


Esta primera zona es muy pedregosa, lo que la hace más dura aun, hay que estar fuerte y fino para completarla sin echar el pie. Por suerte poco a poco va mejorando y dejándonos zonas más descansadas mientras ganamos altura por la ladera.


Los tramos suaves se alternan con pasos dónde darlo todo, como en este en que Edu pasa aganchando bien el lomo.


Un tramo corto de bajada nos ofrece un merecido descanso cuando nos dirigimos a cruzar un barranco por el que baja un hilo de agua, con un poco más tendríamos una bonita cascada, quizá en primavera...

Foto de Diego.
Esta es la zona más disfrutona de la senda, con subidas entretenidas pero sin demasiada dificultad y zonas de descanso mientras bordeamos la la ladera.


Aunque no se puede decir que sea fácil, todavía nos encontramos zonas pedregosas para ponerse a prueba:


La senda siempre te lleva con destacadas vistas sobre el valle, y con cierta sensación de patio pero sin que llegue a parecer peligroso, así que se sube disfrutando.


Tras cruzar otra loma por fin aparece ya enfrente la conocida ermita de Serrías, siempre reconocible en el horizonte, ya queda menos!


Tras cruzar el último barranco se nos presenta la subida más dura del día, y además al principio esta cerrada de maleza lo que hace que haya que desviarse de la senda antes de volver a cogerla e intentar subir todo lo posible montados (es inevitable empujar unos minutos).


Ya en las praderas que rodean la ermita sólo queda el último esfuerzo, con la ermita poco a poco asomando en el horizonte...

Foto de Diego.
Uf! Ha sido dura, pero a la vez muy entretenida y bonita esta subida, al menos para los que nos gusta más el camino difícil que el rápido ;)

En las ruinas de la ermita nos refugiamos del viento que sopla fuerte como no puede ser de otra forma en este invierno de ciclogénesis encadenadas. Y algunos todavía tienen ganas de probar las suspensiones entre las viejas paredes de esta ermita, una pena que no sobreviviese al siglo XX.


Tras el almuerzo continuamos la marcha, saliendo como debe ser, ¡por la puerta grande!


Pero todavía no toca bajar, aun nos quedan unos kilómetros de pista que para nuestra suerte son con viento a favor y nos cuesta un poco menos cumbrear.


Por la pista que va camino de Zenzano nos acercaremos hasta el alto de Agriones, desde dónde se ven las ruinas de la ermita del mismo nombre. Y desde ese alto ahora si comienza la bajada hacia los corrales de Juan Real, bajada técnica de más a menos que nos deja en los praderíos.


Y de unos corrales a los siguientes, los de Zorraquín, desde dónde afrontamos la segunda y más larga parte de la bajada por el conocido PR. Pero tenía una idea en la cabeza que nos hizo desviarnos un poco de la senda para entrar desde arriba a cogerla tras bajar una losa de piedra impresionante:


Aunque desde arriba acojona (mucho más de lo que parece en las fotos), con la piedra seca se bajaba muy bien pudiendo controlar la velocidad a placer y dejándote con una buena subida de adrenalina. Y demás la completas con la larga bajada que aun nos quedaba por delante...

Foto de Diego.
Tras bajar muy rápidos y sin apenas parar, como siempre entramos en Soto por las retorcidas escaleras de piedra.


Y tras atravesar el pueblo en un mini descenso urbano, acabamos en el bonito paseo junto al barranco, buen final para aprovechar hasta el último metro!

Foto de Diego.
Corta pero intensa, una ruta que te gustará si te gustan los retos de subida y las sendas pedregosas.

Track. Dificultad Técnica: Alta. Duración: 2:30-3:30 horas. Sin problema de barro. La senda de subida está algo cerrada en algunos puntos, mejor ir de largo. Recomendada siempre que no haga calor.